
Mi primer contacto literario con la Guerra de Filipinas al margen del famoso dicho de que «más se perdió en Cuba y Filipinas» fue la conocida novela de Manu Leguineche. A partir de ahí, hace años comencé a profundizar en el tema leyendo algún libro y por supuesto, la gran revista Desperta Ferro. Quien prefiera ver una película recomiendo «1898. Los últimos de Filipinas», de Salvador Calvo. Tenía el tema bastante olvidado porque últimamente me ha dado por leer sobre Roma y el Imperio Británico, pero estos meses me ha venido a la memoria el episodio de los últimos de Filipinas gracias a las reticencias en la Administración en implantar la Administración Electrónica.
Muy resumidamente, medio centenar de soldados españoles resistieron cerca de un año en un pequeño pueblo de Luzón sin saber o querer saber que la Guerra había finalizado, permaneciendo en la iglesia de Baler durante 337 días, personificando dicha resistencia en el teniente Martín Cerezo.
Lo mismo ocurre con la Administración Electrónica, las Administraciones son reticentes en implantarla, pese a que la Ley 39/2015 vino a poder orden en este tema, pero sucesivas prórrogas en su aplicación plena, han venido reforzando al teniente Martín Cerezo en que no estaba en vigor y que había que resistir como sea con el papel. Además, el teniente Martín Cerezo recibió un gran refuerzo, la prórroga hasta abril de 2021, insuflando enorme valor a la tropa del papel, la diligencia a mano y el sello de caucho.
Los atrincherados en la iglesia de Baler tienen armamento anticuado pero son muy tenazez, piensan que tienen el apoyo del alto mando y repiten sin cesar su grito de guerra: !!!Siempre se ha hecho así!! Manejan como nadie las tres copias en papel, la diligencia, la estampilla,….Y se han hecho fuertes.
Pero al igual que la entrada de los Estados Unido en la guerra condenó a España, el Congreso de los Diputados no convalidó el conocido como Real Decreto Ley sobre los Remanentes Municipales, quien con una mala técnica legislativa, había aplazado la plena entrada en vigor de la Ley 39/2015 hasta abril de 2021. Por tanto, y por carambola el 2 de octubre de 2020 entra en vigor en su plenitud.
Así que por mucho que le duela al teniente Martín Cerezo, el 2 de octubre de 2020, las previsiones relativas al registro electrónico de apoderamientos, registro electrónico, registro de empleados públicos habilitados, el punto de acceso general electrónico de la Administración y archivo único electrónico producirán efectos desde el 2 de octubre de 2020, salvo que el el teniente reciba refuerzos a última hora por parte del Gobierno, que seguro que los ha solicitado, sin querer entender que la guerra ha acabado.
Lo triste de esta historia es que el 2 de octubre todo esto cogerá a muchas Administraciones desprevenidas y sin hacer los deberes, refugiados en las sucesivas prórrogas y confiados en que las mismas se alarguen hasta el infinito, sin invertir en tecnología y sin modernizar las estructuras y los medios de trabajo. Y esto no sale gratis. La seguridad jurídica de muchos actos administrativos queda seriamente comprometida (de esto me ocuparé en otra entrada) a partir del 2 de octubre de 2020.
Para acabar, mucho ánimo a todo el personal de la Administración que tiene que lidiar día a día con el teniente Martín Cerezo de turno, sabiendo además que fue condecorado. El 2 de octubre no es el fin del mundo, al contrario, se abren nuevas oportunidades.
